En efecto, supongamos que hubiese obligaciones que fuesen perfectamente correctas en la idea de la razón, pero sin realidad aplicable a nosotros mismos, es decir, obligaciones que carecerían de motivos de no suponerse un ser supremo que pudiera dar efectividad y firmeza a las leyes prácticas. En este caso, tendríamos también obligación de seguir conceptos, que, [...], son preponderantes atendiendo a la norma de la razón... (Kant, Crítica de la razón pura, B616, p. 498).
Según estas palabras de Kant, en términos lógicos, si no hubiera ser supremo, no habría fundamento efectivo y firme para seguir ciertas obligaciones correctas a la idea de la razón.
Dado que sí hay ciertas obligaciones correctas a la idea de la razón, habrá que inferir la necesaria existencia de ser supremo como fundamento de tales obligaciones.