domingo, 1 de diciembre de 2013

Nietzsche y la superación del hombre.

Y Zaratustra habló así al pueblo:
Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?
Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿y queréis ser el reflujo de esa gran marea, y retroceder al animal más bien que superar al hombre? (Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza Editorial, 11ª, 1983)
Y comenzaré por preguntar ¿a quién se dirigen estas palabras? ¿Quién debe superar al hombre? Y para superar al hombre, ¿qué debería entenderse por hombre? Y una vez superado el hombre, ¿qué se entenderá entonces por hombre? ¿Quién quedará comprendido como ese que sobrepasa al hombre? ¿Qué deberá entenderse como lo sobrepasado, una vez  dejado atrás el hombre? En definitiva, ¿hasta qué punto puede ser abandonada la idea de hombre? ¿Hasta que extremo podría cualquiera abandonar toda posible idea de hombre? ¿Y que nuevas ideas vendrían a reemplazarla?
Con estos interrogantes y otros que aparecerán comienzo la lectura de Nietzsche.

sábado, 30 de noviembre de 2013

La tarea kantiana: dar plena satisfacción a la razón humana.

Kant finalizó su obra, Crítica de la razón pura, con las siguientes palabras:
Sólo queda el camino crítico. Si el lector ha tenido la amabilidad y la paciencia de recorrerlo conmigo, puede ahora juzgar si le gustaría aportar su parte para contribuir a la conversión de este sendero en camino real, para conseguir antes de que termine este silbo lo que muchos silbos no han sido todavía capaces de obtener: dar plena satisfacción a la razón humana en relación con los temas a los que siempre ha dedicado su afán de saber, pero inútilmente hasta hoy. (B884)

En estas palabras encuentro la idea central que animó a crear esta obra filosófica. Con independencia de la cercanía o lejanía de mi lectura, lo cierto es que me parece casi imposible que en la actualidad haya algún filósofo capaz de abordar una obra de esta envergadura. Y me pregunto ¿por qué estoy convencido de ello? ¿Por qué encuentro en esta obra un texto irrepetible, que no volverá a darse nada parecido en la historia? Y no digo que esta afirmación sea verdadero, sino que yo me encuentro convencido de ella.
Y la respuesta la entreveo en la manifestación de la tarea asumida: dar plena satisfacción a la razón humana. ¿Quién escribirá hoy en día un ensayo de filosofía pretendiendo lograr la plena satisfacción de la razón humana? ¿Quién dedicará tanto esfuerzo como dedicó Kant a este cometido?

jueves, 21 de noviembre de 2013

A propósito de la idea de alma en Kant.

Las siguientes palabras las transcribo de la Crítica de la razón pura: 
Tampoco podríamos en realidad conocer el alma en sí misma mediante estos predicados supuestos, por más que quisiéramos aplicárselos, ya que constituyen una simple idea no susceptible de representación concreta. De esta idea psicológica no pueden derivar más que ventajas si nos guardamos de darle un valor superior al de una simple idea... (B 710; pág. 555; Taurus 2007).
Y nada más acabar de leerlas me hubiera gustado preguntarle al autor: ¿desde cuándo a las ideas se les atribuye valor? ¿Y que sucederá cuando de esa idea se deriven inconvenientes? ¿Dejará de valer? ¿Y frente a quién han de valer las ideas, para quién? ¿Acaso el valor no es susceptible de alteración?

Y así me quedo pensando o imaginando la respuesta que a buen seguro no hubiera rehuido Kant.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Kant y la exitencia del ser supremo.

Acabo de leer en la Crítica de la razón pura:
En efecto, supongamos que hubiese obligaciones que fuesen perfectamente correctas en la idea de la razón, pero sin realidad aplicable a nosotros mismos, es decir, obligaciones que carecerían de motivos de no suponerse un ser supremo que pudiera dar efectividad y firmeza a las leyes prácticas. En este caso, tendríamos  también obligación de seguir conceptos, que, [...], son preponderantes atendiendo a la norma de la razón... (Kant, Crítica de la razón pura, B616, p. 498).
Según estas palabras de Kant, en términos lógicos, si no hubiera ser supremo, no habría fundamento efectivo y firme para seguir ciertas obligaciones correctas a la idea de la razón.
Dado que sí hay ciertas obligaciones correctas a la idea de la razón, habrá que inferir la necesaria existencia de ser supremo como fundamento de tales obligaciones.

domingo, 27 de octubre de 2013

Acerca de la naturaleza discursiva de los conceptos en Kant.

Las siguientes palabras de Kant las transcribo porque en ella encuentro la ocasión para expresar algunas dudas que continuamente pueden aparecer durante la lectura de la Crítica de la razón pura:
A pesar de la gran riqueza de nuestras lenguas, el pensador tiene a menudo dificultades para encontrar el término que corresponde exactamente a su concepto. A falta del mismo, no puede hacerse entender adecuadamente ni frente a los otros ni frente a sí mismo. (Kant, Crítica de la razón pura, A312).
Aquí encuentro lo que denominaría una tarea propia del pensador: el buscar la palabra exacta que corresponda con el concepto pensado. Esta tarea tendrá como base en la que sostenerse la firmeza del concepto. Este, el concepto, está dado por firme en el pensador y quedará pendiente de determinación el término que exprese de forma adecuada ese concepto. Ahora bien, cabría preguntar si ese concepto ya dado por firme posee naturaleza discursiva o no.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Nietzsche, la ignorancia y las palabras.

Donde nuestra ignorancia empieza, donde ya no llegamos con la vista, ponemos una palabra: por ejemplo, la palabra "yo", la palabra "acción", la palabra "pasión", que son quizá líneas del horizonte de nuestro pensamiento, pero de ninguna manera "verdades". (Nietzsche, La voluntad de poder, Biblioteca Edaf, (2000), p.337) 
He transcrito este texto porque encuentro que habla sobre la voluntad del ser humano por enfrentarse a su ignorancia. Ahora bien, cierto que las palabras puestas allí donde nuestra ignorancia empieza no son "verdades", pero yo las consideraría como la expresión de la manera de tratar con lo que se ignora. Y diría más, la ignorancia no empieza allí donde ya no llegamos con la vista, sino aquí en todo aquello a lo que ya llegamos con la vista.

domingo, 20 de octubre de 2013

Las andaderas del Juicio, según Kant.

Comprendo por posición de valor el lugar ocupado por un individuo o persona y que da razón de lo por ella apreciado al actuar desde dicho lugar y, en consecuencia, al expresar lo descubierto desde dicha posición. Cabría considerar esta denominación cercana a la de punto de vista, sin embargo rechazo esta última expresión por distintas razones: la palabra punto me parece que desprecia el lugar del individuo reduciéndolo a la pequeñez, la remisión al sentido de la vista la estimo empobrecedora y, por último, no tendría porque considerarse un movimiento plenamente consciente (tal y como sí lo sería ofrecer lo visto desde un punto).
Esta explicación viene al hilo de que en el siguiente fragmento de Kant encuentro una diferencia fundamental entre la posición de valor del autor y mi posición de lector respecto de lo que espero encontrar al leer un texto filosófico:
En efecto, los ejemplos suelen tener, en lo que a la corrección y precisión de la comprensión intelectual se refiere, efectos más bien negativos, ya que muy pocas veces cumplen adecuadamente los requisitos de la regla (como casus in terminis). Además, suelen reducir el esfuerzo del entendimiento por comprender las reglas en su universaslidad, atendiendo a su propia suficiencia e independientemente de las especiales circunstancias empíricas. Por ello nos acostumbran a aplicar las reglas como fórmulas, más que como principios. Así, pues, los ejemplos son como las andaderas del Juicio, las andaderas de las que nunca puede prescindir quien carece del talento natural del Juicio. (Kant, Crítica de la razón pura, B173-174).
Esta cita ofrece de forma clara el valor que Kant atribuía a los ejemplos, al menos en la época en la que escribió estas palabras. Sin embargo, yo aprecio los ejemplos de otro modo. Cuando leo un texto no busco apreciar la universalidad de las reglas, lo cual no significa que la desprecie. Sencillamente, cuando leo un texto espero que el autor me hable desde el mundo en el que se encuentra, espero alcanzar a comprender la manera propia del autor de referirse al mundo que lo rodea. Desde esta perspectiva personal, entiendo que los ejemplos expresan encuentros realizados. Mediante ejemplos el autor refiere su modo particular de comprender lo que encuentra, allí donde él se encuentra. Consecuentemente, sucede que cuanto más particular o singular sea el ejemplo con mayor detalle ilustrará la posición del autor.
El movimiento que acabo de realizar constituye una inversión del valor. Por su parte, Kant no otorgó una relevancia excesiva a los ejemplos. Por mi parte, yo sí que otorgo un carácter relevante a los ejemplos, pues ellos me acercan al mundo desde el cual el autor escribía. Los ejemplos matizan el modo de comprender del autor, anclan particularmente el discurso con el mundo desde el que el autor habla. La razón de esta inversión de valor la encuentro en que mientras Kant perseguí desvelar las reglas universales por medio de las cuales el conocimiento humano adquiere carácter apodíctico, yo (dado que me encuentro en un lugar distinto del de Kant) persigo la manera de comprender propia del autor.
Precisamente, en el enunciado los ejemplos son como las andaderas del Juicio he encontrado una diferencia de posición de valor. Y por esta razón lo aprecio, porque en él he encontrado una manera propia del autor del texto, su pensamiento (pues con ese enunciado ha quedado algo pensado y yo no me considero el autor de este pensamiento aquí realizado).